lunes, 3 de octubre de 2016

La historia de Francisco Didier

La siguiente biografía de Francisco Didier fue escrita por Miguel Castillo Didier, su sobrino nieto y actualmente profesor titular del Centro de Estudios Griegos de la Universidad de Chile. Su trayectoria académica es vasta y su contribución cultural incalculable. Con mucha generosidad, don Miguel Castillo Didier accedió a escribir este texto para acercar a nuestra comunidad educativa a las raíces de quien lleva el nombre de nuestra institución. Agradecemos al profesor Castillo su generosidad y esperamos que todos aprendamos al leer sus palabras.


Francisco Didier


Miguel Castillo Didier












El presbítero Francisco Didier, el tío Panchito como siempre le dijimos,  fue el menor de quince hermanos, hijos del matrimonio de nuestros abuelos Cirilo Didier Martínez y Clarisa Silva Arratia. Debió nacer a fines de 1909 o comienzos de 1910. Después de estudiar varios años en el Colegio Patrocinio de San José, ingresó al Seminario Conciliar, donde hizo todos los estudios de la carrera sacerdotal.
Dijo su primera misa en 1933. El primer destino que conocemos tuvo fue el Instituto Abdón Cifuentes de San Felipe. Allí se desempeñó como profesor de francés y como maestro de música. Organizó el Coro del Instituto, que fue la base para un gran coro que se formó por la reunión de grupos corales de varios colegios de San Felipe.
 El año 1944 fue designado párroco de Zapallar, cargo que, según contaba nuestra abuela, tomó desde el comienzo con gran entusiasmo.  La nueva iglesia sólo se alzaba en sus muros. Él se dio a la tarea de concluirla, lo que se logró al cabo de cuatro años de incansables esfuerzos. Ya a los dos años de su estadía en Zapallar creó la Escuela Parroquial y gestionó la llegada de las religiosas del  Amor Misericordioso. Enseguida acometió la creación de una policlínica y la habilitación de un local para el Centro Parroquial, que diera vida y sana entretención a la juventud. También se preocupó de instalar una sala para la exhibición de películas, las que él mismo venía a buscar a Santiago.
En 1947 murió su madre, nuestra abuela, y esa  pérdida lo afectó mucho. Precisamente, en junio de 1948, mientras celebraba una misa en el aniversario de la muerte de su mamá, sufrió un infarto. Sin embargo, y pese a los consejos médicos, no disminuyó el ritmo de su trabajo en la parroquia.
En los años siguientes, debió tener otro  período de reposo. Pero siguió trabajando con la misma energía.
En marzo de 1953, se sintió mal y los médicos de la Universidad Católica le dijeron que debía internarse de inmediato para reposo absoluto, pues tenía un aneurisma. Como esto sucedió en la semana anterior a la Semana Santa y no quería dejar la parroquia abandonada, recurrió a su médico particular, quien le permitió viajar a Zapallar, con la condición de que el  lunes siguiente al Domingo de Resurrección viniera a internarse.
La noche anterior a la partida a Zapallar, nos dijo: “Hijitos, su tío está grave. Rueguen a Dios que me conceda un poco más de vida, porque quisiera hacer muchas cosas todavía en la parroquia”.
Partió y retomó sus trabajos en la parroquia. Y comenzaron las tareas de la Semana Santa. Nos contó la señora Clara Cienfuegos, que hacía de dueña de casa, que uno de esos días, incluso estuvo paleando en la nueva escuela, cuya construcción había iniciado.  El Miércoles Santo  dejó preparado el Monumento para el día siguiente y confesó hasta tarde. Cerca de las 12 se retiró a dormir.
Al ver que no aparecía en la mañana, la señora Cienfuegos fue a despertarlo. Pero en la madrugada del Jueves Santo 2 de abril, se había dormido para siempre en la paz del Señor.
Fue sepultado en la tumba familiar en Santiago y sus restos, por petición de los feligreses  fueron trasladados a su actual sepultura en 1957. 

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